domingo, 18 de marzo de 2012

La primavera


La primavera, Sandro Boticelli

La primavera

¡Mil y mil veces bendita
la estación grata y risueña,
bendita tú, deliciosa
y apacible primavera!

Tú, con el cetro de flores,
tocas el campo, y despierta
de su pesado letargo,
de su profunda tristeza.

Preso estaba el arroyuelo,
y también la fuente presa,
y aunque de cristal brillante
duras eran sus cadenas.

Mas ya tus auras templadas
arroyo y fuente deshielan,
y ellos, con dulce murmullo
se deslizan por la vega;

ya los prados y colinas
tapiza menuda yerba,
en que el matinal rocío
la naciente luz refleja.

Bajo del verde follaje
recátase la violeta,
y sólo el suave perfume
delata a la flor modesta.

Bandadas de golondrinas,
de brillante pluma negra,
y otras aves emigrantes
pueblan ya nuestras riberas.

Con voz alegre saludan
nuestra hospitalaria tierra,
y cada cual se dirige
y en torno revolotea,


al paraje en que otros años,
con su dulce compañera,
formara el amable nido
donde su prole se alberga.

Albas flores perfumadas
en los árboles se ostentan,
flores esmaltan el prado,
flores coronan la sierra.

Y el céfiro, que difunde
su pura fragante esencia,
deleita blando el sentido
y el alma encanta y recrea.

Juguetonas mariposas
de formas lindas y esbeltas,
con matices que envidiaran
los claveles y camelias,

batiendo sus leves alas
inquietas revolotean,
besan las flores gallardas
y caprichosas se alejan.

El gracioso cabritillo
y la blanca corderuela,
con sus alegres balidos
la grata estación celebran;

y paciendo con delicia
la fresca y menuda yerba
saltan y triscan gozosos
en la florida pradera.

Mas luego, cuando la noche
cambia la rústica escena,
tendiendo un velo sembrado
de innumerables estrellas;

ó bien si la tibia Luna,
su luz derramando bella,
el monte llano ilumina
y en el mar azul refleja;


el ruiseñor melodioso,
el cantor por excelencia,
cuyos trinos son encanto
de músicos y poetas,

llena el aire de armonía
con sus amantes endechas,
posado en su blando nido
qué oculta la selva espesa.

Esta es la paz de los campos,
esta es la vida hechicera
que otorga siempre a sus hijos
la madre Naturaleza.

Si alguna vez, por acaso,
tan dulce calma se altera;
si cubren el horizonte
apiñadas nubes negras,

el ronco trueno retumba,
y el huracán en la selva
troncha los árboles grandes
y los más tiernos doblega;

pronto, en fecundante lluvia
las densas nubes deshechas,
cobra el campo nueva vida,
la atmósfera, trasparencia;

y en el aire se dibuja
con su divina belleza
arco de vivo colores
que junta el cielo y la tierra.

¡Venturosos los que pueden
presenciar tales escenas,
desde la choza pajiza
de verde parra cubierta!

Dichosas las pastorcillas
que en prado ameno se ostentan,
sin más adornos, ni galas
que su cándida belleza.


Mas ¡ay de los ciudadanos,
esclavos de la etiqueta,
que discurren pensativos
por largas calles estrechas!

La vegetación lozana
miran al arte sujeta,
los pájaros enjaulados,
los arbustos en macetas,

las flores casi marchitas,
los árboles en hileras,
y en vez de la tibia Luna
el gas y la luz eléctrica...

No te gozan, te adivinan,
deliciosa Primavera,
mas te saludan diciendo:
¡oh estación grata y risueña,

Exuberante de vida,
de esperanzas y riquezas,
de flores y de perfumes,
bendita, bendita seas!
 

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