domingo, 24 de enero de 2016

Descubriendo a Maria Antonieta de la mano de Benjamin Lacombe... y más cosas



Siempre que visito Caixaforum (Barcelona) acudo a su librería como parada imprescindible durante el recorrido por este centro cultural. Y es que pocas veces salgo de esta librería sin un libro en las manos. En esta ocasión me llevé Maria Antonieta, un álbum ilustrado sobre la controvertida reina de Francia, escrito e ilustrado por el francés Benjamin Lacombe bajo la supervisión de la historiadora Cécile Berly. Publicado en español por Edelvives, lo primero que me llamó la atención, al ojearlo, fue el tono oscuro, distante,  a veces macabro, e incluso erótico-festivo, de las ilustraciones. Algo no me encajaba. Y buscando el sentido de este rompecabezas he tenido noticia de la existencia del sello editorial Contempla Edelvives, donde el libro de Lacombe me encaja a la perfección. Sus responsables definen Contempla Edelvives como "un nuevo sello editorial que combina literatura, ilustración y diseño. Una mezcla de códigos y miradas creativas con un único objetivo: el puro deleite de quien, además de buen lector, es un exigente observador de la creación plástica." Aunque tengo pendiente realizar la lectura atenta que el libro merece, celebro la existencia de sellos editoriales como este, que da cabida a libros en los que prima la exploración de nuevos caminos en el desarrollo del arte de la ilustración, en un sector editorial donde todavía tienen mucho peso determinados valores morales que solo admiten contenidos políticamente correctos.

 

lunes, 7 de diciembre de 2015

Retomando mis proyectos de escritura


No soy perfecta, Jimmy Liao
 

 En un intento de retomar mis proyectos de escritura donde los dejé, traigo aquí uno de los textos que escribí para la asignatura "El oficio de escribir" dentro del curso de Escritura Literaria para Niños.

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Mi retrato

Ni liso, ni rizado, encrespado. Su madre siempre le había dicho que el cabello es el marco de la cara y que, según luciera, así estabas de guapa. ¡Cuánto tiempo perdido estirando ese pelo rebelde con el secador, para que, nada más salir a la calle, la humedad ambiente diera al traste con el tan ansiado, aunque nunca perfecto, alisado!

Y la niña siguió luchando contra el temperamento de su cabello, y lo siguió alisando por años, hasta que un buen día se cansó y se lo cortó. Ahora lo lleva cortito y rizado, eso sí, lo ayuda cada mañana peinándolo con espuma y difusor. Por lo menos ahora ese marco de su cara mantiene sus caracoles durante todo el día. Aunque no lo deja libre del todo, no le lleva deliberadamente la contraria.
A quien no le llevó nunca la contraria fue a sus ojos de color miel, grandes, expresivos, pero caídos. ¿Qué hay detrás de esos ojos cuya comisura insiste en inclinarse hacia abajo? Sus ojos sonríen, cuando la niña sonríe, pero persisten en reflejar pequeñas dosis de melancolía, que ella busca contrarrestar vistiendo colores vivos. Así, para su ropa, odia los tonos grises del invierno y adora las tonalidades luminosas de la primavera y el verano.

Hay algo a lo que la niña otorga total libertad: a su risa. La niña ríe por todo y por nada. Ríe con prudencia. Ríe con ternura. Ríe a carcajadas. La suya es una risa contagiosa. Ríe si está contenta. Ríe cuando se emociona. O simplemente ríe si algo le hace gracia. Pero también ríe cuando quiere ser irónica. Su risa la vacía de nervios. La acerca y la aleja, la mueve y la aquieta. Y la construye, con su pelo ensortijado, sus ojos perezosos y sus manos que aproximan.

sábado, 29 de agosto de 2015

Sigo descubriendo a Quint Buchholz




Pues eso, en Minimaliak encontré esta  joya del alemán Quint Buchholz publicada por Nórdica Libros.
 
El siguiente booktrailer nos acerca a esta delicada reflexión sobre todo lo que ofrecen los libros a los lectores.
 
 
Y para saber más de mis primeros descubrimientos:
 
 

domingo, 23 de agosto de 2015

Del poder y sus trampas: Felicio, rey del rebaño





Es curioso cómo, a veces, la casualidad nos lleva a descubrir el libro adecuado cuyo mensaje nos otorga algo de consuelo en unas circunstancias determinadas. Y que conste que estoy muy lejos de referirme a un libro de autoayuda o algo por el estilo. Eso es lo que ocurrió hace aproximadamente un mes cuando, en un intento de huir de una tiranía disparatada, entré en la Librería Jaimes y encontré el álbum ilustrado de Olivier TallecFelicio. Rey del rebaño, publicado por Algar Editorial.
Se trata de una fábula sobre cómo el poder llega de forma azarosa y arbitraria y cómo se marcha, también, de la misma manera. Asimismo, el libro nos muestra cómo el poder corrompe a quien lo ostenta y lo convierte en un tirano caprichoso y ridículo.
A través de las ilustraciones llenas de detalles curiosos y de humor,  y de unos sencillos y divertidos pareados, el autor invita a los primeros lectores a reflexionar sobre los abusos de poder y sus trampas. Y aunque la moraleja de la fábula no se formula de forma expresa, el final nos advierte que debemos tener mucho cuidado con a quién otorgamos el poder, pues la corona podría caer sobre la cabeza menos conveniente para el rebaño.

sábado, 13 de junio de 2015

Mi biografía secreta

 
 
El primer ejercicio en el módulo"El oficio de escribir" dentro del curso de Escritura literaria para niños de la UAB consistía en escribir una biografía secreta. Pues bien, como los textos están para compartirlos y ser leídos, he decido traerlo aquí.

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Cuando pienso en narrarme, no puedo menos que pensar en la dificultad del propósito; ya que, en mi interior, hay más de una historia que contar. O dicho de otra forma, esa narración será siempre parcial e incompleta.
 
Puedo empezar por presentar a la editora de literatura infantil y juvenil frustrada, que nunca ha conseguido colarse en el ámbito de la edición que más le interesa. ¿Y por qué literatura infantil y juvenil? Porque cuando tengo entre mis manos un libro infantil, quien lo lee es la niña que fui. Como Ursula Nordstrom, “alguna vez fui niña y no me he olvidado de nada”. ¿Y quién es esa niña? A veces pienso que mi interés por la literatura infantil responde realmente a mi necesidad de reconciliarme con ella.

Desde que llegué al colegio, introvertida y miedosa, me convertí en el patito feo, de quien las demás niñas se burlaban, por el hecho de que no sabía pronunciar la c (el sonido [k]). Mis padres no supieron darme el apoyo para solucionar este problema de pronunciación ya que, como me cuenta mi madre, el dinero que costaba el logopeda era el dinero que mi padre ahorraba cada mes. Así que no aprendí a pronunciar la dichosa c hasta los 21 años, cuando, ya siendo casi una adulta, les hice entender la necesidad de solucionar el problema que me había perseguido durante toda mi niñez y adolescencia. Aunque estoy convencida de que este defecto en el habla ha influido en mi desarrollo emocional hasta mi edad adulta, tampoco determinó una infancia infeliz. O será que las expereriencias negativas coexisten con las positivas. Tengo muchos recuerdos felices de mi niñez pertenecientes al ámbito familiar, como los juegos con mi hermana, los mimos de mis padres, las historias de mis abuelos, los veranos en el pueblo, los largos viajes en coche, las visitas a casa de mis primos, los paseos en bicicleta con la pandilla de la urbanización, y otras muchas vivencias que llenaron aquellos años.

Mi relación con la lectura tiene mucho que ver con mi hermana, quien siempre ha sido una ávida lectora. Desde pequeñita la admiré y la imitaba. Así que, viéndola leer, yo también leía. Recuerdo los cuentos troquelados; la colección “Miniclásicos Toray”, que publicaba adaptaciones de María Pascual de obras como El Rey Lear, La Fierecilla Domada y El mercader de Venecia; y novelas como Abuelita Opalina y La hija del espantapájaros, publicadas en la colección “El Barco de Vapor” de SM, o el libro de cuentos de Juan Farias Algunos niños, tres perros y más cosas.

Hay un cuento que tengo siempre muy presente, cuyo título no logro recodar. Era un cuento troquelado de cartón, encuadernado con una grapa. Me lo regaló mi abuelo materno. Cuenta la historia de una niña que sale a pasear y se encuentra con otra que está estrenando unos preciosos zapatos rojos. De repente, empieza a llover y la primera niña saca su paraguas. La niña de los zapatos rojos le quita el paraguas argumentando que como ella lleva zapatos nuevos, no debe mojarse. Al final de la historia, la protagonista acaba mojada y diciendo a media voz: "Yo tampoco quiero mojarme". A veces, siento que esa niña que se moja bajo la lluvia está ahí, en un rinconcito de mi corazón, y que debo darle historias para que viva vidas diferentes, en las que tenga coraje y se defienda, en las que viva aventuras maravillosas que le otorguen confianza en sí misma y, como no, para que nunca se olvide de jugar.

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Tiempo después encontré información sobre el cuento al que me refiero en el texto. Se trata de Las zapatillas rojas, de Maria Pascual, publicado por Toray.

 

jueves, 26 de marzo de 2015

Volver

 
 
 Hace aproximadamente dos meses que estoy realizando el curso de Escritura Literaria para Niños de la UAB. Es en ese contexto que he vuelto a tomar contacto con la LIJ, que tenía abandonada, lamentablemente para mí. En el marco del curso he releído algunos libros como Matilda y he descubierto otros como La espada en la piedra de T.H. White. A medida que descubría esta novelita juvenil sobre el ciclo artúrico, he vuelto a leer de forma crítica, a buscar bibliografía y a dejarme llevar de una idea a otra, buscando, investigando, como cuando estudiaba en la universidad.
Y he empezado a escribir. Primero, ejercicios sencillos, como una breve autobiografía o un retrato. Ahora me enfrento al proyecto de escribir un cuento: construir al personaje principal, las circunstancias concretas en las que se desarrolla la historia, la época, las peripecias que harán avanzar el argumento y toda la dimensión literaria y emocional del relato. Tengo que pensar mucho, escribir mucho, leer y releer mucho y volver a escribir y releer y reescribir...
Uf! Sabía que esto de la escritura es una tarea ardua... Espero salir bien librada.