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| Ilustración de Carlo Chiostri |
He estado pensando en cuál fue la
intención de Collodi al crear un personaje que nace a la vida con ocho años, sin
pasado, sin historia. Su creador lo enfrenta a la vida cuando su cabeza todavía
es una tabula rasa donde todo está por escribir. No conoce nada del mundo, ni
bueno, ni malo. Por tanto, se enfrenta a la realidad que lo rodea de forma
desprejuiciada. Al no haber recibido ninguna educación, el muñeco no tiene a su
alcance ninguna forma de defensa y no conoce la desconfianza. Es un
títere al que manejan los demás. En su camino de iniciación
aprende a defenderse de los males del mundo a medida que va perdiendo su
inocencia y, por tanto, su libertad. Porque era esa ingenuidad absoluta la que
lo hacía libre y despreocupado. En este sentido, no creo en el libre
albedrío y considero que conforme te haces adulto vas perdiendo tu libertad
(como dice un cantante al que admiro mucho "la vida es una cárcel con las
puertas abiertas"). Por otro lado, a veces pienso que por mucho que aprendamos y
por mucha experiencia que tengamos, no dejamos de enfrentarnos al mundo
reproduciendo nuestros miedos e inseguridades infantiles, (aunque intentemos
gestionarlos, administrarlos, e incluso eliminarlos), y que nuestra experiencia
no nos sirve de mucho a la hora de enfrentar nuevas dificultades. Quizá es por
eso que Pinocho sale al mundo sin ningún bagaje previo, porque esa
experiencia tampoco le garantizaría el éxito.
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| Ilustración de Carlo Chiostri |
En esta ocasión, he reproducido una de mis intervenciones sobre Pinocho, de Colldi, en uno de los foros de lectura de la 4ª edición del Máster en Libros y Literatura para Niños y Jóvenes de la UAB.